FÓRMULAS O RECETAS ECONÓMICAS PARA LAS NACIONES

FÓRMULAS O RECETAS ECONÓMICAS PARA LAS NACIONES

  • Humillarse ante Dios, tanto el gobierno como sus gobernados. Los gobiernos son puestos por Dios, excepto cuando hacen trampas en las elecciones, ante cuya codicia de poder más adelante se arrepienten de haber llegado al cargo por medios fraudulentos. Porque no será un tiempo bueno para los que toman el poder por medio de trampas.
  • Confesar los pecados;
  • Buscar el rostro de Dios y orar;
  • Convertirse del mal camino confesando a Jesucristo como Salvador, siguiendo el evangelio.
  • Abandonar el pecado y elegir a Dios como lo primero en sus vidas.

Porque si se convierten y permanecen apartados del mal, entonces Dios, perdonará sus pecados y sanará su tierra o nación.

Así dice textualmente la palabra de Dios en 2 Crónicas 7:14-15 (RVR 1960)

14 Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos;

entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

15 Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar.”

(2 Crónicas 7:14-15 RVR 1960).

Porque cuando hay una carga espiritual sobre una nación, por causa del pecado generalizado, que incluye corrupción en los gobiernos, práctica de idolatría o puesta en vigencia matrimonios de homosexuales, no vale ninguna clase de agendas económicas, ni reuniones ni cumbres de grupos poderosos. Todas fracasan o actúan como paños calientes.

 “… Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre.” (Ap 3:7).

Hay una sola fórmula o receta económica para las naciones.

Está en 2 de Crónicas, capitulo 7, versículos 14 y 15. “Arrepentimiento, oración y conversión” que ya han leído. Y el arrepentimiento significa que además de confesar a Dios los pecados, dejar también de hacer lo malo. ¡Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece! Y lo que no podemos hacer por nosotros mismos, en Cristo sí lo podemos.

Hna Ada Luz Camargo de Pineda

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