EL DELITO Y EL PECADO

EL DELITO Y EL PECADO

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Tanto el delito como el pecado son desagradables a Dios y nos apartan de él. Todo delito es también pecado, pero no todo pecado es delito, como por ejemplo la fornicación es un acto practicado por muchos en el mundo y no es tipificado como delito, pero en cambio ante Dios sí es un pecado grave.

La comisión de cualquier delito es enjuiciado por las leyes penales de cada nación, ameritando en muchos casos pena corporal o encarcelamiento por el tiempo que corresponda según la gravedad de los hechos. Muchas veces hay más corrupción la cual se suscita cuando utilizan tráfico de influencia para salirse con las suyas, para hacer más corto el tiempo del cumplimiento del juicio o en el peor de los casos salen libres, como inocentes a pesar de que no lo son.

El pecado es distinto; el que comete pecado tiene posibilidad de arrepentirse con corazón contrito ante Dios, obteniendo el perdón si la persona se aparta de los malos caminos que venía practicando. El pecador no necesita pagar sobornos para salir libre del decreto de muerte eterna que llevaba sobre sus espaldas, porque nuestro Señor Jesucristo pagó en la cruz del calvario y nos hizo libre de pecados de manera gratuita, a todo aquel que cree en él y permanece.

“47 Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.”
(Lucas 24:47)

El arrepentimiento y conversión son la base para el perdón de pecados y ganar consecuentemente la vida eterna; No sucede así  con el delincuente que haya pagado su pena corporal en una cárcel, el cual, aunque salga libre, si no se arrepintió ante Dios ni se convirtió, el tal aunque haya salido físicamente de la cárcel sin embargo no estará libre de pecado, para obtener la vida eterna. Solo Jesucristo perdona los pecados y nos da vida eterna.

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