EXPRESIONES DE DESPRECIO HACIA NUESTROS SEMEJANTES

EXPRESIONES DE DESPRECIO HACIA NUESTROS SEMEJANTES

Cuando el Señor estableció el mandamiento de amarnos los unos a los otros, no se estaba refiriendo a nuestros seres queridos que por naturaleza amamos mucho, sino que se refería a las otras personas que no forman parte del grupo familiar o de nuestros amigos con quienes compartimos. El Señor se refería era al resto de personas que nos caen mal, aquellas personas con las cuales tenemos diferencias, se refería también a los que nos maldicen y nos hacen cosas hirientes, a éstas nos manda a perdonar y amar el Señor.

¡Mira cuánto cuesta hacerlo!

Me dijo aquel hombre a quien finalmente le prediqué el mensaje de Cristo a la salida de un automercado.  Ese hombre entró apurado y ofuscado al lugar. Y rozando a otra señora que iba entrando, en vez de pedirle disculpas como caballero, lo que hizo fue que le gritó: “Vieja gorda y fea asegúrate dónde pisas”.

El hombre se percató que yo lo observaba en silencio y viniendo a mí, también me regaló de lo que estaba lleno su corazón, yo también recibí mi porción aunque en inglés, diciéndome en voz baja: “You too”. (Tú también).

Al pagar las dos botellas de agua que compró, le tocó salir de nuevo por la misma puerta donde entró y allí seguía yo esperando a mi esposo que estaba comprando algo a una cuadra. Al verme de nuevo guardando silencio pero mirándole, aquel hombre se acercó de otra manera a mí. Esta vez vino a justificarse delante de mí sin más arrogancia, porque los demonios se nos someten. Entones clamé desde dentro de mí corazón al Espíritu Santo para que preparara el oído y el corazón de ese hombre en ese instante, porque yo le iba a hablar de Cristo.

Terminando de oír sus quejas le pregunté: ¿Y usted no ora a Dios para que le ayude?Ante lo cual me respondió: Uff señora, usted no tiene idea lo que le pido a Dios. Yo proseguí, diciéndole: Dios no oye al pecador. Y esa mujer a quien usted acaba de insultar es prójimo suyo y Dios nos manda a amarle.

Pero si usted quiere que sus oraciones sean oídas por Dios, acepte a Jesucristo como su Salvador quien le hace hijo de Dios, borra todos sus pecados, y desde entonces como hijo de Dios si van a ser oídas sus oraciones. Además viniendo a Cristo también va a tener la vida eterna. ¿Quiere recibir a Jesucristo como su Salvador? E inequívocamente me dijo: Si quiero.

Y le hice repetir la oración de fe. Acto seguido oré por él para que Dios quitara su ira y para que le ayudase en sus tribulaciones. Por sus expresiones de desamor yo le devolví muestras de amor y le llevé a la luz que es en Cristo. Nosotros debemos estar atentos para dar luz adonde hay tinieblas. Y de llevar paz donde hay ofuscación.

Tenemos además que familiarizarnos y aprender claramente que no nos está dado dar una palabra inadecuada en contra de alguien, porque el Señor dejó reguladas estas cosas. Y recordé una vieja amiga mía que nos prestaba servicios. Ella siempre usaba términos para referirse a su prójimo tales como: Imbécil. Bruto. Retrasado mental y  más adjetivos que con frecuencia usa la gente sin saber las consecuencias delante del gran Juez que es Dios. Al leer la enseñanza del Señor a este respecto, favor aprendan que les puede costar la pérdida de la salvación eterna decir improperios o insultos sobre alguien así sea un político que merezca tales expresiones.

“2Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.” (Mateo 5:22)

Aprendamos que nuestras palabras deben ser de amor y paz ante quien incluso viene a agredirnos.

Cuando tengamos estas experiencias de personas que nos insultan, hay que recordar el mensaje del Señor en bendecir a los que nos maldicen. Y darles palabras de amor para que reaccionen en paz.

Y en cuanto a predicar el evangelio por todas partes,  cualquier momento es oportuno para que a los ciegos y los sordos se les abran estos sentidos espiritualmente hablando. Y oigan el mensaje tranquilizador, sanador y salvador de nuestro Señor.

Ese hombre finalmente me agradeció, aceptó a Cristo como su Salvador y se fue en paz.

Ada Luz Camargo de Pineda

 

 

 

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