¿POR QUÉ FUE SALVO EL LADRÓN CRUCIFICADO JUNTO A CRISTO?

¿POR QUÉ FUE SALVO EL LADRÓN CRUCIFICADO JUNTO A CRISTO?

Él fue salvo porque a pesar de estar todos atravesando por el tormento de esa terrible crucifixión, su boca habló palabras de justicia y de temor a Dios, mientras que el otro se condenó por haber hablado improperios contra su semejante, que en este caso era Jesús.  “21 La muerte y la vida están en poder de la lengua” (Proverbios 18:21).

Leamos ahora que pasó con aquellos ladrones crucificados junto a Cristo.

Así lo expresa el evangelio según San Lucas, capítulo 23:

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Uno de esos ladrones está en el Paraíso de Dios, y resucitará el día de la resurrección. Y junto a los vivos que seamos arrebatados, iremos a ocupar el reino, “para que Donde yo esté, vosotros también estéis, dijo Jesús” (Jn 14:3).

 

“40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aún temes tu a Dios, estando en la misma condenación?”

Este ladrón JUZGANDO CON JUSTICIA, tuvo el coraje de reprender a su compañero por sus malas obras. Él no se quedó callado ni fue cobarde ante los improperios del otro compañero hacia Jesús. Él mostró misericordia por Jesús, defendiéndole. “9 Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso.” (Prov 31:9). Ya sabemos para qué debemos abrir nuestra boca.

“41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; más éste ningún mal hizo.”

El ladrón que usó justicia hacia el Señor la cual no tuvieron las autoridades y principales, reconoce su pecado y se arrepiente exonerando al Señor, con lo cual seguía JUZGANDO CON JUSTICIA. “3 Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio.” (Prov 21:3).

“42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”

El ladrón, después de haber dado todos aquellos buenos frutos de justicia, mientras padecía, terminó con la expresión más importante: Reconociendo a Jesús como el Rey, expresando deseos de ser tomado en cuenta por Jesús cuando viniera en su reino, aún en las condiciones en que se encontraba compartiendo el tormento de estar crucificado junto a Jesús.

“43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

Es asombroso de cómo ese ladrón dio buenos frutos de justicia en tan corto tiempo en medio de la agonía que padeció junto a Jesús. No se desenfocó sino que sacó de las buenas cosas que había en su corazón y las puso POR OBRA en aquellos momentos.

EL OTRO LADRÓN QUE NO TUVO MISERICORDIA

No así lo hizo el otro ladrón crucificado, quien habló las malas cosas que estaban guardadas en su corazón. Él fue irrespetuoso y malvado con el Señor, haciendo lo mismo que hicieron las autoridades y los soldados que lo injuriaron y crucificaron, los cuales vociferaban: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo” (Lc 23:37).

Ellos tenían en común que eran ladrones, pero uno tenía un buen corazón y del buen tesoro de su corazón habló todas aquellas cosas justas, mientras que el otro ladrón obró conforme al mal tesoro que había en su corazón y habló de ello por su boca, condenándose.

Tal vez si el otro ladrón hubiera guardado silencio o expresado alguna palabra pidiendo misericordia al Señor, Jesús también le habría salvado, porque al corazón contrito y humillado oye Dios.

“36 Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.

37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”

(Mateo 12:36-37).

He aquí entonces la importancia de usar nuestra boca solamente para hablar cosas de justicia y del temor de Dios, porque ellas, junto a nuestra conversión a Cristo, serán un recurso muy valioso para nuestra salvación.

NUESTRA BOCA Y EL ARREBATAMIENTO:

Que uno de los pecados sobre el cual tenemos que velar  ahora cuya venida del Señor está tan cerca, y tener este asunto bajo control, es precisamente éste de abrir la boca para hablar cosas inadecuadas o injustas, porque si no te arrepientes y sigues ejercitando ese pecado, en vez de VELAR como nos manda el Señor, de tanto practicarlo no vaya a ser que lo ejercites en aquellos días de tinieblas antes del arrebatamiento, y NO SER ARREBATADO.
  • No críticas.
  • No suposiciones.
  • No juzgar.

Pero en cambio, expresa en todo caso

palabras de verdad, aplicando justicia y misericordia y estarás bien.

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