DONALD TRUMP QUIERE DERRIBAR LA BARRERA EXISTENTE ENTRE IGLESIA Y ESTADO

DONALD TRUMP QUIERE DERRIBAR LA BARRERA EXISTENTE ENTRE IGLESIA Y ESTADO

0 99

El presidente promete acabar con la penalización de pronunciamientos políticos desde el púlpito.

Siendo así ¿A qué “representante de la fe” dentro de los Estados Unidos como lo denomina Trump en esta noticia, no le agradará que el presidente se deshaga o minimice los efectos de la Enmienda Johnson y abra las puertas de la libertad para que la iglesia participe más activamente en los consejos para que los gobiernos tomen sabias decisiones antes que una ley adversa a la justicia de Dios sea aprobada? ¿No está la iglesia de Cristo para luz a las naciones? Falta saber ahora si esta apertura es solo para la iglesia cristiana o si para el resto de religiones en cuyo caso es muy peligroso.

En todo caso, para no hablar de política en los púlpitos y crear ánimos con el desvío de los que están débiles en la fe, cualquier exhortación debe hacerse directamente por los canales regulares y nunca en los púlpitos donde están los creyentes, para no contaminar con política a la iglesia la cual trae consigo división, que irá en menoscabo de lo que nuestro Señor nos enseñó como lo es estar los hermanos juntos en paz y armonía.

Falta ver el desarrollo de los acontecimientos futuros, pero si esto se está haciendo en la buena fe, en buscar más de Dios para que la nación camine en la obediencia y temor de Dios, entonces:

7 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. (Jr 17:7-8).

Pero el Señor nos manda a ser prudentes como serpientes, y sencillos como palomas  y a no confiar en el hombre, aunque traiga palabras agradables, sobre todo si sus frutos no testifican lo que dicen sus labios. Orad y velad.

Falta esperar como reaccionaría Trump si es exhortado por algo de parte de la iglesia de Cristo. Yo estoy escribiendo es acerca del consejo de Dios puesto en la boca de los evangélicos que son los que dicen las cosas conforme Dios las dijo.

Según la noticia, Donald Trump ha anunciado este jueves un nuevo desafío en su todavía corta pero ya agitada presidencia: acabar con uno de los pilares fundamentales que sustentan la estricta separación entre Iglesia y Estado en el país que dirige, la Enmienda Johnson.

“Voy a librarme y voy a destruir completamente la Enmienda Johnson y voy a permitir que los representantes de la fe hablen de manera libre y sin miedo a represalias. Lo voy a hacer, recordadlo”, dijo Trump este jueves durante el Desayuno Nacional de Oración en Washington.

La Enmienda Johnson debe su nombre al entonces senador por Texas y más tarde presidente de Estados Unidos Lyndon B. Johnson, que fue quien la propuso y logró su aprobación en 1954. Es una cláusula que estipula que entidades libres de pagar impuestos, como iglesias u organizaciones caritativas, no pueden participar, directa o indirectamente, en ninguna campaña política a favor o en contra de un candidato. De este modo, impide que líderes religiosos usen sus púlpitos para manifestar su apoyo —u oposición— a un candidato con el objetivo de influenciar a su congregación.

Esta disposición fue aprobada durante la presidencia del republicano Dwight Eisenhower y, durante décadas, no fue cuestionada ni por republicanos ni por demócratas. Pero como tantas cosas en este último ciclo electoral, el tono cambió con Trump, un candidato que durante la larga campaña hizo numerosos guiños a los sectores religiosos del país, especialmente a los evangélicos, para acumular votos y apoyos.

“Nuestra república fue creada sobre la base de que la libertad no es un regalo del Gobierno, sino de Dios”, dijo este jueves Trump. Y citó a Thomas Jefferson, el tercer presidente estadounidense y uno de los padres fundadores del país, para justificar su maniobra. “Jefferson se preguntó si las libertades de una nación pueden estar seguras cuando quitamos la convicción de que esas libertades son un regalo de Dios”, continuó el republicano. “Y entre esas libertades, está el derecho a venerar de acuerdo con nuestras propias creencias”, concluyó su argumento.

El guiño al sector religioso más conservador del país, ese que le votó, es indiscutible. Acabar con la Enmienda Johnson es una de sus promesas de campaña y complementa a su compromiso de nombrar a un juez para la Corte Suprema que concuerde con esos valores cristianos conservadores, tal como acaba de hacer con la nominación de juez Neil Gorsuch para ocupar la plaza vacante en el Tribunal Supremo. Su vicepresidente, Mike Pence, y su asesora, Kellyanne Conway, se convirtieron también la semana pasada en los primeros miembros de un gobierno que participan en la anual marcha contra el aborto que se celebra en Washington por el aniversario de la decisión del Tribunal Supremo que legalizó la interrupción del embarazo en 1973. Trump manifestó públicamente su apoyo a esa protesta, mientras que ignoró por completo la mucho más multitudinaria Marcha de las Mujeres celebrada unos días antes por las mismas avenidas.

El año pasado, en uno de sus actos de campaña, Trump aseguró que, bajo su gobierno, “nuestra herencia cristiana será preciada, protegida, defendida como no habéis visto nunca antes”. Y lanzó su promesa de acabar con la enmienda que ahora ha vuelto a poner bajo su mira. “Lo primero que tenemos que hacer es devolverle a nuestras iglesias su voz. La Enmienda Johnson ha impedido a nuestros pastores decir lo que piensan desde sus púlpitos. Si quieren hablar de cristiandad, si quieren predicar o hablar de política, no pueden hacerlo, porque se arriesgan a perder su exención fiscal”, afirmó.

Estados Unidos es un país profundamente religioso, fundado en buena parte por personas que huyeron de Europa en busca de un lugar donde poder ejercer libremente su religión. Pero no es un país de un credo único, oficial. La nueva Administración no es la única que ha profesado públicamente su fe. George W. Bush también era famoso por su religiosidad y por la profesión pública que hacía de la misma. Pero la inquietud ha aumentado con Donald Trump y su equipo, que incluye un vicepresidente, Mike Pence, ultraconservador y profundamente religioso, y una mano derecha como Stephen Bannon, con profundos vínculos con el ultranacionalismo y que en el pasado ha denunciado públicamente cómo la secularización de la sociedad “ha minado la fuerza del Occidente judeocristiano para defender sus ideales”, como dijo en una conferencia en el Vaticano en 2014.

Tomado de El País

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/02/estados_unidos/1486068222_096739.html

 

 

 

NO COMMENTS

Leave a Reply