“EL PERDÓN” como instrumento para la reconciliación

“EL PERDÓN” como instrumento para la reconciliación

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12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores (Mt 6:12). 

Sirva ese extracto del Padrenuestro, que la mayoría usamos para orar a Dios Padre, para pensar hasta qué punto estaríamos mintiendo delante de Dios. Le pedimos que “perdone nuestros pecados, así como nosotros lo hacemos con los que nos han ofendido”,   ¿Tenemos idea de lo que estamos diciendo en esta oración?  

Amados, perdonar es de vida o muerte. Tan sencillo es que el que no perdona las ofensas recibidas de alguien, tampoco Dios le va a perdonar los pecados a ese guardador de rencor. Es decir, si muere una persona que no ha perdonado las ofensas recibidas de alguien, tendrá problemas para su salvación eterna. Nuestro Señor Jesucristo fue enfático al expresar:

14  Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;   15  Más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (Mt 6:14-15).

Ahora bien, la práctica de perdonar debe ser continua y permanente. Tenemos que pasarnos la vida entera perdonando. Observemos la respuesta de Jesucristo a Pedro, su discípulo, tras su pregunta:

21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 
22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. (Mt 18:21-22).

El perdón suele considerarse como un valor humano y principalmente una virtud del carácter de Dios hacia el hombre. El perdón puede servir, por un lado, al ofensor para librarse de la culpa y, por otro lado, para que el ofendido se libere de posibles sentimientos de rencor.

Se suele valorar el hecho de saber perdonar, aunque también el saber pedir perdón, porque implica de alguna manera reconocer la culpa y el daño cometido a la otra persona. Según la Psicología ambas acciones se consideran capacidades del ser humano, que también suelen tener efectos terapéuticos positivos.

El perdón es la renuncia a la indignación y los resentimientos que causan una ofensa o agresión. Nace del ofendido, pues únicamente el ofendido puede liberarse de los sentimientos que tenga contra el opresor. El perdonar depende de la misericordia que exista en el corazón del ofendido.

La palabra perdón viene del latín “per donare” que significa “dar por” o “dar para” o “dejar ir”. Cuando ejercemos el perdón “soltamos” a quien nos ha ofendido o nos ha hecho un mal. En griego se entiende mejor, pues, “afesis”, palabra para perdón significa “liberación”. Al mismo tiempo que liberamos de su culpa a quien nos ofendió, también nos liberamos nosotros de nuestras indignación y resentimiento, pues ambos son sentimientos que tarde o temprano terminan por causarnos mucho daño, a veces más que la ofensa o la agresión misma.

Perdonar es sanar: La ciencia también lo demuestra. Ver link al respecto:

 http://elobservadorenlinea.com/2016/04/perdonar-es-sanar-la-ciencia-tambien-lo-demuestra/ 

El perdón humano tiene que ser estrictamente análogo al perdón divino según reza en las Sagradas Escrituras (Mateo 6:12). Jesucristo enseñó que si nosotros no perdonamos a quien nos ofende no podemos aspirar a ser perdonados por nuestras ofensas a Dios, por ello nos manda a perdonar siempre. (Mateo 18:21-22)

 Pedir perdón es equivalente a disculparse.  Este aplica a diferentes contextos. Se puede pedir perdón a una persona, a un grupo o institución o a una divinidad. Pedir perdón se suele asociar a la humildad por reconocer que se ha cometido un error y también suele mostrar que la persona muestra intención de rectificar o compensar, de algún modo ese error. Algunas expresiones sencillas utilizadas para pedir perdón son: ‘lo siento’, ‘disculpa’, ‘perdona’, ‘perdóname’ o simplemente, ‘perdón’.  

En caso del perdón divino, la petición de tal perdón y el arrepentimiento que nace en el corazón del hombre es relevante; en el caso del perdón humano, es importante tanto perdonar como ser perdonado.

Afortunadamente en cuanto al perdón divino, Dios es tierno y compasivo. Está ansioso de perdonar nuestros pecados. En 2 Pedro 3:9 nos dice que Dios es, “paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” Dios desea perdonarnos, de manera que ha hecho provisión para nuestro perdón. ¿Cuál es esa provisión? Jesús murió en la cruz, llevando la penalidad que merecíamos.  2 Corintios 5:21 nos enseña, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”  

¿Quiere usted tener sus pecados perdonados? ¿Tiene un persistente sentido de culpa que no parece desaparecer?

El perdón de sus pecados está disponible si usted pone su fe en Jesucristo como su Salvador. Efesios 1:7 dice, “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.” Jesús pagó la deuda por nosotros para que pudiéramos ser perdonados. Todo lo que usted tiene que hacer es pedirle a Dios que le perdone a través de Jesús. Si usted cree que Jesús murió para pagar por su perdón entonces Él lo perdonará Juan 3:16-17 contienen este maravilloso mensaje, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

En cuanto al perdón humano cuando quien ofende se arrepiente y pide perdón es evidente nuestra obligación de perdonar. Otras veces el ofensor no se arrepiente, y hasta pudiera asumir una actitud hostil. En esos casos también hay que perdonar en nuestro corazón, aunque fuese solo para obtener la salud de nuestra mente, la paz y el bienestar general, sin dañarnos a nosotros mismos. En ocasiones especiales perdonar no significa que dejemos de reclamar justicia sobre el que nos ha agredido. Nos hemos liberado de la ira y del resentimiento, pero no de la justicia. Hay ciertos casos no todos, en los que, ante daños graves y públicos, abandonar la justicia sería un gran mal para el agresor o para la sociedad, pues la justicia acerca al ofensor a una corrección y la sociedad demanda un castigo que sirva de ejemplo.

Quien perdona en verdad olvida la ofensa. Diferente es la prudencia de entender que una persona que hizo algo malo y dañino una vez, puede repetirlo, y que debemos actuar con cuidado sin guardar en el fondo del corazón algo contra esa misma persona. Mucho menos debemos alegrarnos de algún mal o infortunio que le pase, aunque no se lo hubiéramos deseado. El perdón debe ser absolutamente sincero, total, para ser auténtico, es decir que debe llevarnos a una reconciliación completa con el o los ofensores. Cuando Dios perdona, considera nuestros pecados, cualquiera que sea su gravedad, como si jamás hubieran existido; como si se hubiesen borrado de su memoria. El gran libro en los cielos tiene páginas blancas acerca de nuestros pecados. ¡Qué gran milagro de su gracia! Hebreos 10:17.

En la década de los noventa, específicamente en el año 1994 al asumir la presidencia de Sudáfrica el conocido y celebre Nelson Mandela, enfatizó y utilizó el valor del perdón como bandera para unir y reconciliar a esa nación que estaba dividida por el odio producto de la política del Apartheid (Sistema político y social desarrollado en la República de Sudáfrica y otros estados sudafricanos, basado en la segregación o separación de la población por motivos raciales o étnicos y en el trato discriminatorio hacia la población negra).

Aunque Sudáfrica estuvo al borde de una guerra civil, Nelson Mandela, quien no era un cristiano devoto, conoció el cristianismo desde niño. Y como pacificador logro unir y reconciliar al país para evitar la guerra interna que hubiese costado millares de muertos. Èl dijo lo siguiente: «Los valientes no temen al perdón, si esto ayuda a fomentar la paz».

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Èl fue un gran estratega para lograr el objetivo planteado, a tal punto que utilizo un deporte llamado rugby el cual era odiado por los negros en sus planes de erradicar el odio y reconciliar a los pobladores primeramente con Dios y entre ellos como nación para luego alcanzar la tan ansiada unidad nacional. La gran oportunidad llego en el año 1995 cuando Sudáfrica organizo el mundial de rugby. Aunque esta nación en teoría era la más débil del torneo, logro en la final ganar al equipo más poderoso del mundo en esos tiempos. Fue como un enfrentamiento entre David y Goliat. Al final gano el pequeño David. Sudáfrica gano el campeonato del mundo y enseguida la nación entre el júbilo de negros y blancos se reconcilio. La prensa le llamo el milagro sudafricano.

Ver links al respecto.

https://www.semana.com/mundo/articulo/mandela-el-rugby-para-unir-sudafrica/367325-3

https://prezi.com/6icgifeocitd/mandela-y-el-rugby-en-los-ddhh/?webgl=0

https://www.elcomercio.com/opinion/milagro-mandela.html

Un periodista británico llamado John Carlin escribió lo siguiente: “Mandela es un genio de la política, un genio total como Mozart lo fue en la música. ¿Qué intentan hacer los políticos? Conquistar a la gente. Èl a todos; incluso a la gente más improbable”.

En la era actual Venezuela vive momentos difíciles debido al enfrentamiento entre dos bandos políticos. Mi país se encuentra dividido en su gran mayoría. El odio y rencor se apodera de muchos de mis conciudadanos. Es urgente la unión y reconciliación nacional primeramente con Dios y entre sus pobladores. La cifra de fallecidos en las protestas y posteriores enfrentamientos con los cuerpos de seguridad asciende a más de 60 hasta estos momentos.

Dios el Señor Todopoderoso le dice hoy a Venezuela: “No temas, Yo hare de ti una gran nación” “Serás tierra deseada a muchos” “Tus tiempos están en mis manos”. 

Amado lector venezolano(a) y de otras naciones, no podemos adelantarnos ni retrasarnos a sus tiempos que son perfectos. Llegaran esos días de felicidad, abundancia, justicia, paz y sobre todo de prosperidad espiritual. El Señor, así como envía estas palabras de esperanza advierte que hará señales si es preciso para detener la furia del hombre. Desde hace muchos años èl viene hablando a esta nación y prácticamente nadie pone atención y obediencia a su llamado en amor para que nuestra nación se una y deje toda idolatría, injusticias y abundancia de maldad.

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Èl Señor por medio de su Espíritu Santo ha dicho que, si es necesario, èl permitiría algunas señales para que sepan que es Dios quien ha hablado. Entre esas señales están un gran viento huracanado desbastador, un terremoto, tsunami igualmente desbastador. Muchas y abundantes lluvias que traerán graves inundaciones. Otras señales están anunciadas, pero no las escribiré por el momento. Cualquiera de estas cuando sucedan, sabrán que es Dios permitiendo para que vaya cesando el odio y rencor y así disminuir una potencial guerra civil entre venezolanos que sería muy lamentable.

Dios hace un llamado al perdón y reconciliación.  Si todos nos esforzáramos por practicar el valor positivo del perdón, nuestra Venezuela y el mundo serían más pacíficos y armoniosos, y nuestras familias más felices.

Pastor Héctor Castillo.

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